24 mayo 2006

ESTOY DESOLADO

El penúltimo capítulo de dopaje en el ciclismo ha dejado mi fe tocada de muerte. He llegado a un punto en que ya no me puedo creer casi nada de lo que ha ocurrido en los últimos 20 años, que es cuando he dedicado más tiempo, recursos e ilusión a mi deporte favorito. Horas y horas delante del televisor, decenas de cintas de vídeo y cientos de recortes de prensa archivados, media docena de viajes al Tour de Francia (algunos años, incluso, llegué a acreditarme como periodista), entrevistas y reportajes publicados... Después del escándalo Heras, me había ilusionado de nuevo con la gran temporada de los españoles, con Valverde como punta de lanza, pero esto de Manolo Saiz y Eufemiano Fuentes me ha devuelto a la cruda realidad: el ciclismo está lleno de tramposos. La EPO ha dado paso a las transfusiones de sangre. ¿Qué pensarán los aficionados de las Vueltas a España ganadas por corredores que han sido pastoreados por estos tipos? ¿Dónde queda ahora, Manolo, aquella mítica etapa de Mende del Tour de 1995, aquella exhibición de tu equipo? Es verdad, lo he dicho aquí, que el ciclismo está pagando los platos rotos propios y de los demás, que hay trapos sucios en el atletismo, en el tenis, en el fútbol..., pero no es menos cierto que el problema no se circunscribe a tres o cuatro mentirosos, a ese Berzin que ganó el Giro de 1994 para luego desaparecer, o a ese Riis que llegó a Hautacam echando espuma por la boca en el Tour de 1996, cuando Indurain fue destronado. No. Hablamos de una gran mentira. Por lo tanto, es razonable concluir que muchos han sabido retirarse a tiempo (antes de caer en una redada, quiero decir) y que sólo cuatro románticos están limpios (y no ganarán nunca).

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esa es la paradoja. Pero resulta todavía más paradójico que siempre hemos identificado al deporte y a los deportistas como la antítesis de la droga y como modelos a seguir por la juventud. Nuestros padres nos decían ufanos: “mientras estén haciendo deporte, no tienen tiempo para drogarse”. Ahora, tendremos que decir: “que no hagan deporte, no vaya a ser que se droguen”.

Riddleman