30 mayo 2006

AL FONDO YA NO HAY SITIO

Doce cayucos y 800 inmigrantes llegados a Canarias en menos de 24 horas. Cerca de 9.000 “sin papeles” en lo que va de año, el doble que en todo 2005, y a un paso del récord (9.929) de 2002. Hoy, en el telediario, imágenes sobrecogedoras de algunos de los últimos pasajeros: bebés y mujeres embarazadas. Sorprendente: los pequeños, desembarcados por las asistencias sanitarias, ojos como platos, no lloraban. ¿Se les habrían agotado las lágrimas durante el viaje? Zapatero, también hoy, en el debate sobre el estado de la nación: “El Gobierno aplica una política migratoria basada en los siguientes principios: legalidad, máximo control de las fronteras, cooperación con países de origen y la Unión Europea, integración social de los inmigrantes y respeto absoluto a los derechos humanos”. Carcajadas en la bancada popular por lo del “control fronterizo” y la “cooperación”. Al menos, el presidente ya no niega, como hace una semana, que los centros de acogida canarios estén colapsados. Es evidente que la política de inmigración socialista ha fracasado, igual que fracasó la del PP. Pero ahora gobierna Zapatero. Este asunto merece un ministerio mucho más que las soluciones habitacionales de la Trujillo, y con gente eficaz e imaginativa al frente, porque hablamos de un fenómeno cambiante. Haría falta un pacto de Estado entre los principales partidos, reconducir nuestra política exterior (es decir, pintar algo en Europa), reforzar la vigilancia de nuestros confines (sobre todo en los Pirineos) y olvidarnos de regularizaciones extraordinarias.

1 comentario:

Anónimo dijo...

España ha sido un país de emigrantes y ello nos debería dar una especial sensibilidad a la hora de tratar estos temas. El mundo está lleno de españoles que, en otro tiempo, cruzaron el charco o atravesaron los Pirineos en busca de mejores condiciones de vida. ¡Cuántos gallegos hay en Latinoamérica! o ¡cuantas “conchitas” (así llamaban a las “femmes de menage”) en Francia!. Ahora, afortunadamente, el proceso se ha invertido y somos nosotros los receptores, los que contribuimos a mejorar la balanza de pagos de otros países. Y eso, curiosamente es un síntoma de progreso. Si diésemos una vuelta por Europa, nos encontraríamos con que existe un porcentaje elevadísimo de población que viene de fuera. París, Londres, Bruselas, Amsterdam, son claros ejemplos de ello. Ahora, nosotros, los españoles, tenemos que creérnoslo, estamos en primera línea de la economía mundial, y, ello acarrea aunque nos duela, este nuevo tipo de problemática social. Admitámoslo. Y solucionémoslo, también, pero no con barreras físicas, sino ayudando a los países emisores en origen. Cuando ha existido en España seguridad jurídica para invertir, cuando ha habido fondos europeos y se han empleado para los fines pensados, cuando nuestros gobernantes han gestionado bien los recursos, entonces el panorama ha cambiado. Acudí el otro día a una conferencia de Jack Welch, ex presidente de General Electric y elogiaba entusiasmado la España que ha encontrado en estos días con la que encontró en sus inicios profesionales. Saquemos pecho durante un minuto y, después, seamos generosos, ayudando a esos países a transformar su sociedad. Si España ha podido, ¿por qué no los demás?

Riddleman