La férrea política de comunicación que imponen los clubes más poderosos solo se rompe en eventos promocionales.Reportaje en ABC, aquí.
"EL CORAZÓN DE LOS HOMBRES A MENUDO NO ES TAN MALO COMO SUS ACTOS, Y RARA VEZ TAN MALO COMO SUS PALABRAS" (TOLKIEN)
La férrea política de comunicación que imponen los clubes más poderosos solo se rompe en eventos promocionales.
Los guiñoles son irreverentes, son brillantes, son sanos... Y la reacción española, patriotera. El País defiende a los muñecos de Canal + Francia en aras de la sacrosanta libertad de expresión, y vierte tanta tinta (en reportajes, en columnas de opinión) en descalificar el casus belli como otros medios en defenderlo. Yo me quedo con el bajonazo que le ha dado al asunto Rafa Nadal, una de las víctimas de las invectivas gabachas. Pero quiero añadir un matiz: una cosa es la burla y otra muy diferente la acusación velada de dopaje. Qué malo es perder.Percebeiros (Sea Bites) 1920x1080 from enpiedeguerra on Vimeo.
El mayor coleccionista español de camisetas auténticas de las estrellas de fútbol abre su museo privado a ABC. Ver aquí.
El ciclismo vive en un escandaloso estado de excepción: ante un tribunal, un individuo es culpable mientras no demuestre lo contrario. Ese mismo tribunal se permite condenarlo a la pena máxima sin pruebas (y así lo reconoce y se queda tan ancho). No se traga el solomillo, pero propone un trágala al implicado y a la opinión pública: basándose en el principio de la responsabilidad objetiva, santo y seña del Código Mundial Antidopaje, por el que un deportista debe responder sobre cualquier sustancia aparecida en su cuerpo, rechaza la duda razonable que, en un tribunal ordinario, habría bastado para la absolución de Contador. Ayer unos compañeros que tuvieron la paciencia de leerse los cien folios del fallo del TAS me comentaron que el documento era "impecable". ¿Qué hay de impecable en crujir al ciclista admitiendo que no han apreciado en él voluntariedad de doparse? ¿O en rechazar la hipótesis de la defensa y lanzar como argumento otra conjetura, la del suplemento alimenticio contaminado? Si no se comió esa barrita energética, o lo que sea, a sabiendas de que estaba en mal estado, ¿no es lo mismo que en el caso de la carne? Solo veo un motivo: dar satisfacción al sistema delirante que los talibanes de la UCI y la AMA han inventado para combatir el dopaje. Usted tenía clembuterol en su organismo. Sí, todo el mundo sabe que 50 picogramos no dan ni para ajustar las calas, pero lo tenía. Y me importa un bledo cómo llegó hasta allí. Así que dos años de sanción, pérdida del Tour y del Giro conquistados y gigantesca multa económica, porque los burócratas (con el fariseo Pat McQuaid a la cabeza) tienen que seguir viviendo de momio.
Fijaos bien. El logo de la nueva candidatura olímpica de Madrid remite a una fecha muy, muy lejana, que es cuando Madrid tendrá opciones reales de cazar la pieza, porque ahora, me temo, nos van a volver a tomar el pelo. Para entonces este "quedado especial" tendrá todos los problemas vitales resueltos.
A mí me gustaba el deporte... antes de padecerlo. Es decir, antes de dar con mis huesos en la sección de Deportes de un periódico. Están los malos horarios, por supuesto, sobre todo los fines de semana, cuando apetece salir a una hora razonable para ir al cine o a cenar con los amigos. Y la obligación de ver los eventos con un ojo en el televisor (casi nunca nos permitimos estar en el propio escenario) y otro en el ordenador. Si España llega a la final de la próxima Eurocopa de fútbol, compartiré el momento con mis “queridos” compañeros de fatigas en vez de con mis hijas. Y será una experiencia agobiante, con los jefes apremiándonos con el cierre de los cojones. Es lo que hay. Pero lo peor es la matraca del Real Madrid, de Mourinho y de los clásicos con el Barça. Insufrible.
Me entero de que a Tolkien se le negó el Nobel de Literatura porque su prosa, según la Academia Sueca, “no estaba a la altura”, al tiempo que avanzo fatigosamente por la novela río más caudalosa de la historia, “Canción de hielo y fuego”, del escritor norteamericano George R. R. Martin, a quien se ha comparado con el autor de “El Señor de los Anillos”. En concreto estoy a punto de acabar el tercer tomo de la saga, “Tormenta de espadas”, más de mil páginas de folletón fantástico-medieval, escasas de acción, épica y pasión, y preñadas de intrigas surrealistas y personajes irrelevantes, como las entregas previas y (me temo) las que me quedan. El post está lleno de spoilers, aviso, aunque supongo que muchos de los que me lean estarán al corriente de lo que voy a contar, y a los demás les dará igual porque no piensan meterse en este embrollo.
Me gustaría que el mejor equipo de mi historia fuera mi equipo, pero no lo es; me consuela que, al menos, tampoco tiene ese título su más encarnizado rival. No vi jugar al Real Madrid de Di Stéfano, Puskas y Gento, al que algunos analistas coronan de oídas tras ver un par de vídeos. Mis primeros recuerdos futbolísticos son de la década de 1970, aunque no incluyen al Brasil de Pelé, Tostao y Rivelino, sino a la Holanda de Cruyff y Neeskens (en mi pandilla teníamos a un paquete al que llamábamos Neeskens con cruel ironía infantil). El primer equipo que me deslumbró fue Brasil en el Mundial 82. Hace poco murió Sócrates, líder de aquel grupo que jugaba para que lo recordaran, pero como ya no tengo tiempo de escribir en el blog (propósito de enmienda para 2012) se me pasó la hora de escribirle una merecida loa. Descansa en paz, viejo romántico del fútbol y de la vida, y gracias. Hasta hace unos pocos años ese Brasil era el mejor equipo de mi historia. Llegó el Barcelona de Guardiola y acabó con el mito. No porque juegue mejor, que probablemente también, sino porque ha escapado a la maldición que persigue a ciertos equipos irrepetibles (Hungría en 1954, Holanda en los 70, Brasil en 1982) que suman la etiqueta de perdedores. No hay unos italianos emboscados como los que tumbaron a Sócrates, Zico, Falcao, Toninho Cerezo y Eder en la "tragedia de Sarriá". Este Barça juega como los ángeles, y gana. Gana mucho, joder. Trece de dieciséis títulos posibles. La estadística de mi equipo, que hoy viaja a cuatro puntos del descenso, mejor ni explorarla.
Hacer un libro del Real Madrid no me ha hecho madridista; me ha vacunado para el resto de mi vida, por si había dudas. Pero aquella parada de Casillas ante Robben en la final de la Copa del Mundo me hizo de San Íker para siempre. Hoy, en un amistoso contra Costa Rica, el capitán de la selección española superará a Zubizarreta en internacionalidades, y no se le adivina el techo. Mucho se ha escrito sobre la leyenda de Raúl (látigo de atléticos) asociada al equipo nacional, pero su huella es insignificante si la comparamos con la del, probablemente, mejor portero de nuestra historia.