13 enero 2009

LA NEVADA

Caen copos gordos sobre Madrid. Mi compañero de pupitre me informa que va a estar nevando media hora (ha localizado en internet un servicio meteorológico que debe competir con los que utilizan los equipos de la F-1: en cinco minutos llueve, en diez escampa, en quince vuelve a llover...). ¿Cuajará? No parece. Los servicios municipales han hecho acopio de toneladas de sal para combatir al enemigo. De la Vega dice que "año de nieves, año de bienes" para no dar más explicaciones sobre el caos del viernes pasado (Barajas cerrado, miles de conductores atrapados... si hasta un compañero se rompió la rodilla tras un resbalón cuando venía caminando al periódico, qué profesión más dura la nuestra). Pero el agua helada que cae del cielo ya no hace gracia sino a la chiquillería. Entre tópicos y pánicos, a los políticos la nevada les ha vuelto más lenguaraces. Si cabe. Rubalcaba culpa a los hombres del tiempo, Pepiño a Esperanza Aguirre y Maleni improvisa chivos expiatorios cada segundo. En estos días invernales Zapatero también habla, pero no de la nevada, sino del "no a la guerra", el resucitado eslogan que le dio la gloria (tras los desactivados Aznar y Bush había que buscarse un nuevo enemigo, la judería), y del Plan E, las supuestas medidas contra la crisis económica que vende didácticamente y en persona en una página web a nosotros, subnormales ciudadanos. La nevada, dicen algunos, desmiente el apocalipsis anunciado por Al Gore. Lástima que no tape bocas e incompetencias.

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