05 junio 2007

FIN DE TRAYECTO

ETA ha roto la tregua formalmente, es decir, mediante comunicado en un panfleto, aunque ya nadie se creía, salvo Zapatero y los durmientes, que el “proceso” seguía en pie después del atentando en la T-4. Ahora llega el momento de hacer balance de daños por el espejismo del apaciguamiento, por el afán ingenuo de intentarlo, por un viaje en el que el presidente prescindió de experiencias pasadas (y fracasadas) y desoyó a gran parte de la opinión pública, en especial a las víctimas del terrorismo. Tras las elecciones municipales ETA ha vuelto a las instituciones y suma dinero e información a las pistolas y la dinamita. Los alevines campan por sus respetos en las calles del País Vasco, pintando dianas sobre los nombres de concejales del PP y del PSOE (aunque Pepiño sigue verificando este extremo). Las cartas de extorsión no han dejado de llegar a los buzones de los empresarios vascos y navarros (aunque Rubalcaba cree que el matasellos es de antes de la tregua). Otegi se burla de la Justicia mientras Conde Pumpido mira hacia otro lado. De Juana no se pone la pulsera y amaga con otro ayuno voluntario porque, según el portavoz de Askatasuna, Juan Mari Olano, “los presos políticos no son perros” (Iñaki, mirada torva y glacial, ni siquiera es una hiena). La depresión se nota incluso en el rostro de Zapatero el pacificador, cuya comparecencia de esta mañana ha estado llena de lugares comunes y huérfana de contundencia. Fin de trayecto, hombre de Estado. ¿Y ahora qué? ¿Inventamos una máquina del tiempo que nos lleve al momento de tu iluminación para ponerte una vacuna? Justo cuando ETA estaba al borde del precipicio y sus líderes históricos pedían árnica desde la trena. También podemos echarle la culpa al PP.
Junio resplandece y, sin embargo, desde esta madrugada, todo es un espejismo. La socorrida unidad de los demócratas no deja de ser una necesidad perentaria. Ahora más que nunca. Ahora que algún ciudadano ya ha sido condenado a muerte por los etarras.

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